EXPLICAR A HITLER RON ROSENBAUM PDF

Up, Up and Awaaay!!!. VollmannYoram Kaniuk Deja un comentario. Explicar a Hitler Back at the dawn of the twenty-first century, it was still relatively unusual for submissions to arrive in any form other than a stack of paper, so the occasion was memorable for that reason alone. Holocaust Memorial Museum in Washington, DC, and current director of its Research Institute, compiles a fascinating collection of firsthand accounts of the Holocaust.

Author:Dagar Gull
Country:Albania
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):21 November 2016
Pages:226
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ISBN:313-6-78148-513-6
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Lo que intriga del drama alemn, no son sus avatares his- trico-polticos la derrota en la Primera Guerra Mundial, el colapso del Imperio de los Hohenzollern, seguido por la Re- pblica de Weimar, el humillante Tratado de Versalles, la de- presin econmica de con sus millones de parados que afect a todos los pases, la amenaza del Comunismo en la Ru- sia vecina, etc. Y, como este drama fue des- encadenado e instrumentado por un individuo, la ciencia que, en ltima instancia, tiene la palabra es la Ciencia de la Men- talidad Humana, valindose, claro est, de las importantsimas conquistas que han hecho los historiadores, bigrafos y fil- sofos, que han llegado al conocimiento exhaustivo de los he- chos de este personaje, mas no a los resortes ntimos que mo- tivaron esos hechos externos En el drama alemn, el individuo tiene un peso enorme, si no nico.

Dentro del espritu y esencia de este hombre, se hallaba, siempre solapada, la intencin de transformar al Partido Nazi en un partido de violencia, para metas futuras innombrables que a nadie comunic, y se asoci rpidamente con Ernst Rohm, que era alemn de Mnich, jams como Hitler, extrao ser venido de muy lejanas idiosincrasias, pertrechado su equipo mental con un fardo repleto y una nica meta que no 14 Hitler confi tampoco a nadie, aunque ya en el Hospital Prusiano de Pasewalk la anunci, siempre veladamente, no porque se ini- ciase all, como piensa Lucy Dawidowicz, sino que all aflor al exterior por primera vez, emergiendo de la Caja Negra de su cerebro ulcerado.

No se explica, pues, por hechos externos la tragedia del pueblo alemn, sino por ese fenmeno extrao metido en su esencia sin ser invitado. Pese a los estudiosos, hitlerlogos, axilogos, genealogistas, NADA se sabe sobre el misterio de este extranjero, ni por qu hizo lo que hizo, ni por qu pens como pensaba, ni por qu le salan esos planes de exterminio de un solo pueblo justamente, precisamente, por ser judo, el ms peligroso enemigo de la tierra, el envenenador de todos los pueblos, ni cundo mut su antisemitismo corriente por un antisemitismo siniestro y devastador, ni por qu su nica, su exclusiva meta era el genocidio total de los judos todos los dems sucesos eran pasos que deba dar necesariamente para llegar a ste su fin nico, en lo que concordamos con Lucy Dawidowicz y el profesor Alan Bullock, aunque ellos no dicen cundo se inici ese propsito fijo, puntual, indeclina- ble, ni por qu.

Algo falta en la ingente obra de los grandes investiga- dores, un algo que es definitivo, tanto para conocer el drama alemn, como la naturaleza extraa de Adolfo Hitler la pala- bra extrao salta constantemente a las teclas de nuestra m- quina toda vez que nos referimos al protagonista de la historia alemana desde a , una historia que no encaja en la tradicin alemana pasada, ni con la que se inicia en la segunda mitad del ao , sino que es un injerto de historia impuesto violentamente, misteriosamente, extraamente, a la vida de los alemanes, por ese hombre venido de lejos.

Hitler siempre fingi. Siempre enga. Desde la infancia simul superioridad, autoridad, sabidura. A su padre, a su ma- dre y a su amigo Kubizek, a sus profesores, a la Academia de Bellas Artes de Viena, a sus compaeros de mendicidad en los Asilos de Caridad Vieneses, a todos les fingi, los enga con su pretendida superioridad, sus pretendidos conocimientos, sus eruditas lecturas.

Ahora bien, a los alemanes los enga. Se Prembulo 15 enga a s mismo, porque en verdad se crea todo un ser his- trico desde nio, un ser providencial: l crea en su propia pa- traa, que se deba a su Megalomana-nata, poderossima, con la cual naci, pues hered su mentalidad manaco-depresiva de la lnea materna.

Hered y transmiti grandeza y muerte. Los alemanes cayeron en la ilusin de sentirse, inducidos por Hi- tler, como la raza ms grande del planeta; y a los alemanes an- tes de saborear su grandeza, los devor la muerte y se suici- daron colectivamente, tambin inducidos por el melanclico-suicida: es asombroso reflexionar cmo en un salto vertiginoso, Fhrer y pueblo atados por lazos misteriosos que no deben continuar siendo misteriosos se elevaron al vaco de unos cielos sin vida, y se precipitaron al abismo mor- tal.

Miedo y sumisin infunda Hitler a sus ntimos desde la ni- ez, excepto a su padre Alois. Miedo y sumisin a los diri- gentes nazis, aunque debemos diferenciar a Goebbels de Goe- ring, Himmler y Hesse; miedo y sumisin a las masas. Esto haca un hombre que vena de la nada! He aqu el extrao fe- nmeno que debe pulsar nuestro asombro, aunque tambin debe exigir a nuestro conocimiento, porque el Fenmeno Hi- tler no debe pasar al olvido sin que antes lo hayamos desci- frado.

Como deca el Ministro de Baviera Hein- rich Held, quien lo conoci en la intimidad, hay que sujetar a la bestia. Sujetarla con el entendimiento, no dejar que se escape y contine metindonos miedo e imponindonos su Es- finge con gran autoridad La ciencia no debe temerle a Hi- tler, ni debe someterse a los enigmas que astutamente le plan- te a la historia.

Debemos desplegar todo lo que los sabios han descubierto para defendernos con la verdad, del Monstruo, tal como lo vea tambin en la intimidad, Geli, su sobrina amante. Slo en la intimidad se poda conocer a Hitler! Pues en su intimidad nos obliga a adentrarnos con el conocimiento de su cerebro cru- 16 Hitler zado por fuerzas mentales potentsimas, pues no hay que ne- garle a Hitler que tena Genio y fuerza cuya procedencia l desconoca pero que utilizaba conscientemente para simular, embaucar, engaar, someter, endiosarse, metamorfosearse en Mito, l, justamente, que vena de la Nada y se convirti en Nada!

Todos sus ntimos cinco, sin contar su pastor alemn! No sera solo su maldita oratoria teatral que recibi gratuitamente de sus genes ancestrales! Porque la oratoria fue solo un medio, desde luego importantsimo, mas no, de ninguna manera su fuerza envolvente Podemos s estar absolutamente seguros de que su em- Prembulo 17 brujo proceda de sus grandes vilezas, as, hipcritamente y con calculado afn, predicara las virtudes tnicas del funda- mentalismo racial.

Este ya es un comienzo para ir metindonos en la espesa oscuridad de su secreto. Saber que cuando lleg a Mnich en mayo de , era un haragn mendigo con la bolsa momen- tneamente llena con la herencia que le haba regalado pstu- mamente su odiado padre, ya es un comienzo.

Saber que hasta el 2 de agosto de se ganaba el pan vendiendo sus malas copias que pintaba con gran pereza porque no era capaz de llevar al campo el caballete y pintar del natural, y que esto le trazaba el rumbo nuevamente inequvoco a la misma mendici- dad que haba vivido en Viena durante tres aos, ya que la va- gancia para el estudio y el trabajo le impedan sobrevivir con sus propias manos, ya es un comienzo.

Saber que por esa misma haraganera solo poda leer peridicos que le confir- maran su extrao antisemitismo, es tambin un comienzo. Sa- ber que si la Primera Guerra Mundial no tae las fibras de su cerebro para que se realice su ADN brbaro y despierte en l la Voluntad para la accin, slo para la accin guerrera, as hu- biera tenido que convertirse en un poltico violento, con sed de guerra, con la decidida, aunque no confesada a nadie in- tencin de desencadenar la Segunda Guerra Mundial, no para aplastar a Austria, Checoslovaquia, Francia, Polonia y Rusia, que apenas eran pasos necesarios que deba dar para aplastar a los judos, en quienes vea a los ms peligrosos y podero- sos enemigos suyos, pero que l finga que la amenaza de los judos se dirigia contra los pueblos arios, ya es un comienzo.

Al defenderme del judo, lucho por la obra del Su- premo Creador pg. Frase rodeada por muchos argumentos igualmente significa- tivos que los historiadores, bigrafos y, particularmente siclo- gos, no han aprovechado ni tomado en serio porque se halla- ban enfrascados en el testculo que le faltaba a Hitler, en su sfilis contagiada por una prostituta judia, en la violencia del padre, en la venganza contra el mdico judo, doctor Bloch, que tortur a la pobre Clara Pozlz, en el Complejo de Edipo, etc.

Esto ya es algo, un comienzo que nos abre las puertas para adentrarnos en sus negras intenciones. Si no aprovechamos esta gruesa hebra, que a manera de Hilo de Ariadna nos permita no salir, sino introducirnos en el laberinto mental de Hitler, quien no pudo esconderlo en su libro mentiroso, porque a l mismo se le impuso con toda fuerza mientras peroraba dictando su lucha, si no aprovecha- mos, decimos, la frase que este hombre, sin darse cuenta, sir- vi a la historia en bandeja de verdad en su libro de mentiras, y que est all, a disposicin de quien le interese desde y valindonos de ella marchemos a descubrir qu fue lo que pas y cundo de modo que tuviera motivos para hacer la inslita creacin del Mito del Judo todopoderoso y todopeligroso, en- tonces nos perderemos sin remedio alguno y nos refugiaremos en la erudicin o en vanas hiptesis inconducentes.

Prembulo 19 Michael Burleigh lo intuy pero no cobr el fruto de su in- tuicin: El lector, dijo, est dentro de la cabeza de un antisemita a ultranza, donde la mezcolanza ideolgica amontonada se convirti en un sustituto para las alienaciones personales de un hombre al que pocos habran descrito como clnicamente loco.

La indisciplina autodidacta y la experiencia, real o imaginaria, crearon una visin del mundo totalmente in- flexible, en la que los nuevos hechos se encajaban en una es- tructura rgida. Hitler aseguraba que su visin del mundo era resultado de revelaciones deslumbradoras, de verdades rea- les o superiores, todo cada vez ms inmune a la argu- mentacin contraria o a la razn nosotros aclaramos que se refiere aqu el autor a la rigidez de los delirios.

Como deca Hannah Arendt: El pensamiento ideolgico acaba emanci- pandose de la realidad que percibimos con nuestros cinco sen- tidos, e insiste en una realidad ms verdadera oculta tras to- das las cosas perceptibles, que las domina desde ese lugar en que se oculta y que exige un sexto sentido que nos permita cobrar conciencia de ellas Este sexto sentido, anotamos nosotros, no puede ser otro que el sentido alucinado de un delirante. El Tercer Reich, , pgs. Al contrario, Ron Rosenbaum decidido a probar que Hitler s era consciente de su maldad, cayendo as en un intil debate axiolgico, ve la liebre y no cree en ella, la rechaza emotiva- mente, como les ocurre con frecuencia a los bigrafos judos, lo que es muy explicable, ya que ellos fueron las vctimas del Holocausto, expresin religiosa del conepto Genocidio, que comenz a emplearse en el ao de Tampoco podemos olvidar sostuvo Rosenbaum, el muy artero esfuerzo del propio Hitler por sealar a un judo como origen de su antisemitismo.

En Mi Lucha afirma que hasta que lleg a Viena en , a los 18 aos, haba te- nido poco o ningn contacto con judos hasta que tuvo una especie de experiencia visionaria o revelacin: la primera vez que vio nos pide que creamos, o la primera vez que se encontr con un judo oriental Un da cuando paseaba 20 Hitler por el centro de Viena, dice, de pronto me encontr con una aparicin de caftn negro y rizos negros sobre las orejas. Es esto un judo? En realidad parece ser una falsificacin retrospectivamente creada para dar la impresin de que haba alguna esencia po- derosa, inconfundible, intrnsecamente mala, que emanaba de aquel judo y que sacudi a Hitler despertndolo de su ante- rior inocencia con respecto a los judos en general Explicar a Hitler, pg.

Desafortunadamente, Ron Rosenbaum que entendi exactamente que de pronto Hitler se encontr con una apa- ricin por ser judo y por no ser un buen conocedor del ce- rebro, no toma en serio ese instante vivencial que confiesa Hi- tler en Mi Lucha, siendo que en su entrevista con el gran conocedor de Hitler, que es H.

Trevor-Roper, Profesor de Historia Moderna de Oxford, le haba dicho: Lo que de esa lectura en Alemn de Mi Lucha revel a Trevor Roper sobre Hitler es algo que pocos antes de la guerra tomaban en serio, e incluso despus: Un mensaje vigoroso y terrible pensado por l, una filosofa. Y eviden- temente l la tomaba muy en serio. Hitler no era, como dce Bullock, un aventurero: se tomaba a s mismo totalmente en serio, y esto se ve en Mi Lucha. Y cuando lo le en , yo haba estado en Alemania y no pude evitar sentirme impresionado por el hecho de que Mi Lucha haba sido publicado entre y , y l haba hecho todas las cosas que deca que iba a hacer.

Y no era nin- Prembulo 21 guna broma lo que estaba vendiendo. Es una obra seria Ron Rosenbaum, Explicar a Hitler, pg. Vio la liebre Rosenbaum y la consider un artero es- fuerzo de Hitler. Seramos los ltimos en sostener que Mi Lu- cha es un libro totalmente serio, al contrario, es una gran men- tira con intenciones polticas para elevar su propio mito ante los alemanes que lo leyeron por millones. Pero debe separarse el grano de la paja: este relato de la aparicin sbita que tuvo Hitler del judo del caftn negro y que le produjo una sacu- dida tan fuerte que le abri los ojos a alguna verdad sobre los judos, haciendo que los viera como no los haba visto antes, COMO EXTRAOS Y AMENAZADORES, tal como nos relata el mismo Ron Rosenbaum, es de los pocos granos una pepa de oro, ciertamente, porque aqu no calcula sino que el relato se le impuso mientras peroraba asociando libremente, al dictar su lucha 15 aos ms tarde de lo sucedido.

Por tanto, Hitler fue espontneo, y a l que era un redomado calculador en cuanto a sus secretos y vesnicos proyectos, se le escap por lo in- consciente de la creacin de Su judo extrao y amenaza- dor, y nos dio esa invaluable pista para meternos en su si- niestra Caja Negra Neuronal. Al dejar escapar la liebre, Rosenbaum, que ley todos los libros y que recorri el mundo, desde Nueva York a Jerusaln, entrevistando a notables luminarias conocedoras del fenmeno Hitler, ya fueran historiadores, bigrafos, psiclogos, telogos judos, aunque por desgracia no se acerc al Extrao Cerebro de Hitler, debi quedarse con el Problema del Mal, enfras- cndose en una discusin moral en ltima instancia, como la siguiente: Cree usted que Hitler era conscientemente malo?

Saba que lo que estaba haciendo estaba mal? Como compulsivo, Hitler saba conscientemente que obraba maldecimos nosotros, pero no poda evitar obrar mal; como delirante, Hitler obraba como si le estuviera ha- 22 Hitler ciendo un bien a los pueblos arios amenazados por el Peli- groso Judo. Rosenbaum, un gran estudioso del fenmeno Hitler, era de- masiado escptico sobre la validez de la psicologa y de los psi- clogos que conoca que eran todos psicoanalistas: El miste- rio aterrador de la mente de Hitler supera el poder de comprensin del anlisis psicolgico de la poca, le haba di- cho Trevor-Roper.

Es posible, dice Rosenbaum, que la obje- cin ms profunda de Trevor-Roper sea su conviccin de que los instrumentos de que dispone la psicologa para estudiar el comportamiento humano son insuficientes para comprender a Hitler pg. Esto, dicho en el ao de cuando public su libro en idioma ingls. Y consecuente con tal reconocimiento de que Hitler era incomprensible con las herramientas disponibles por entonces que eran las psicoanalticas, da inicio a su libro con los siguientes importantes epgrafes: Uno es de Yehuda Bauer, una autoridad juda en Jerusaln: Hitler es explicable en principio, pero eso no significa que haya sido explicado.

El otro tambin como Bauer entrevis- tado por Rosenbaum , es el profesor ingls y pionero en los estudios hitlerianos, Alan Bullock, quien dice: Cuanto ms s sobre Hitler, ms difcil me resulta explicarlo. Y era comprensible por entonces el escepticismo de Ron Rosenbaum: Considrese dice, el intento de la famosa psicoana- lista suiza Alice Miller de presentar a Hitler como vctima de un padre que lo maltrataba Miller se esfuerza por pro- bar que la maldad de Hitler se origin en los brutales casti- gos fsicos que le administraba su padre; hay un vnculo involuntariamente pardico de la demonizacin del padre de Hitler por Miller en la obra de Erich Fromm, psicoanalista igualmente respetado y an ms concido, quien se refiere no al padre sino a la madre.

En la versin de Fromm el padre Alois, no es el monstruo violento que nos presenta Miller: para Formm era un sujeto estable y bien intencionado que amaba la vida y era autoritario pero no una figura temi- ble. En cambio, dice Fromm, el catalizador de su neurosis Prembulo 23 fue la madre de Hitler, Clara.

En su psicoanlisis retrospec- tivo de Hitler, publicado en , Anatoma de la Destruc- tividad Humana, Fromm afirma confiadamente que Hitler se explica por la teora del propio Fromm del Sistema de Ca- rcter Necrfilo que postula el amor a la muerte y a los ca- dveres y en consecuencia la inclinacin a cometer asesina- tos masivos. Fromm asegura que ese desarrollo necrfilo tuvo su origen en el carcter malignamente incestuoso del apego de Hitler a su madre.

Alemania pas a ser el sm- bolo materno central, dice Formm. La fijacin de Hitler, su odio al Veneno la sfilis y los judos que amenazaba a Alemania, ocultaba en realidad un deseo ms profundo, re- primido por mucho tiempo de destruir a su madre.

La serena confianza de Fromm en esas grandiosas abs- tracciones, y los saltos sin apoyo que da su pensamiento ba- sado en ellas, llegan a ser asombrosos cuando se acerca a la conclusin: lo que Hitler odiaba ms profundamente no eran los judos sino los alemanes! Los alemanes simboliza- ban a su madre. Hizo la guerra a los judos porque su ver- dadero objetivo era desencadenar una conflagracin mundial a fin de encauzar la destruccin de Alemania, o sea castigar a su madre Explicar a Hitler, pgs.

Justamente, atendiendo a este llamamiento casi desespe- rado de Ron Rosenbaum de darle a la psicologa herramientas modernas, hemos titulado esta biografa, segn los resultados obtenidos de nuestras investigaciones en el campo de la mente humana, Hitler. A la nueva luz de la clsica y moderna psico- loga, como lo ver nuestro lector a lo largo del texto. No queremos abandonar el notable y documentado libro de Ron Rosenbaum, sin mencionar, as sea de paso, dos impor- tantes afirmaciones de los investigadores judos: Una, corresponde a la historiadora Lucy Dawidowicz, quien en su libro La Guerra Contra Los Judos, sostiene que la motivacin nica de Hitler era el extermino de los judos, sin que, desafortunadamente, soporte su argumento en la vida, los hechos o decires de Hitler.

Nosotros le preguntaramos: Si bien concordamos plenamente con usted, en qu acon- tencimiento se funda para afirmarlo? Por otra parte, Dawi- dowicz enuncia otra tesis igualmente cierta en nuestro con- 24 Hitler cepto: La solucin final se origin en la mente de Hitler.

En Mi Lucha, l nos dice que decidi su guerra contra los judos en diciembre de , cuando en el Hospital de Pasewalk se enter en rpida sucesin del motn naval de Kiel, de la revo- lucin que oblig al Emperador a abdicar, y finalmente, del ar- misticio que significaba la derrota de Alemania en la gue- rra Conoc entonces mi propio destino, dijo Hitler. Fue en ese instante cuando tom la decisin: no es posible pactar con los judos; solo la lnea dura.

Ellos o nosotros. Yo decid por mi parte, dedicarme a la poltica pgs. Dawidowicz parte de la nada. Como si la decisin de Hi- tler de dedicarse a la Poltica con la clara intencin de ex- terminar a los judos, hubiera sido una resolucin sbita, sin precedentes, sin continuidad con el pasado.

Le ocurre lo mismo que a los historiadores que sostienen que la Primera Guerra Mundial hizo a Hitler, sin puntuar el continuum con su pasado. Tal como nosotros entendemos el trabajo del historia- dor moderno, debe realizarlo atando los cabos sueltos del pre- sente con el pasado y del presente con el futuro.

Ello rinde fru- tos inesperados porque la continuidad de los acontecimienos de una conducta determinada la extrae del mirar fijamente los conjuntos. Nuestro lector ver ms adelante cmo y de dnde vienen las corrientes genticas y ambientales que permiten es- tablecer una continuidad entre el Hitler de la Primera Guerra Mundial y sus ancestros Schiklgruber, y cmo, por otra parte, se establece la decisin de Pasewalk con hechos concretos de la existencia de Hitler en Viena.

Aunque desconocemos cul fue la sustentacin de su im- portante tesis, nos hallamos plenamente de acuerdo con l, y nuestro lector conocer ms adelante los hechos en que nos fun- damos. En el futuro no tiene ninguna posibilidad de renacer el autntico nazismo con las ca- ractersticas propias que le infundi Hitler. Milton Himmelfarb hace una observacin con la cual tambin concordamos: Prembulo 25 No es que los alemanes fueran la excepcin, sino que Hitler era la excepcin pg.

Por fin, Rosenbaum concluye su libro diciendo: Despus de dedicar casi diez aos a examinar las afirma- ciones a menudo ambiciosas y con frecuencia errneas de es- cuelas y estudiosos rivales que dicen haber explicado a Hi- tler, creo que no ha sido explicado, pero por otro lado no estoy convencido de que sea categricamente inexplicable. Tiendo a concordar con Yehuda Bauer en que sufrimos de una ausencia de informacin suficiente respecto a la mayo- ra de las preguntas clave.

Pero no estoy seguro de tener la confianza que tiene Bauer en que si tuviramos la informa- cin suficiente podramos explicar a Hitler. Yo no excluira la posibilidad de que an con toda la informaciin en la mano quedramos igual de perpelejos frente a Hitler Expli- car a Hitler, pgs.

El erudito y agudo historiador Ian Kershaw ha planteado un interrogante en su libro La Dictadura Nazi, publicado en su primera edicin en y en la edicin espaola en , que nosotros intentaremos responder: El solo hecho de plantear la pregunta de cmo un Es- tado moderno, sumamente educado y econmicamente avan- zado pudo llevar a cabo el asesinato sistemtico de todo un pueblo sin razn alguna aparte del hecho de ser judo, su- giere una escala de irracionalidad apenas comprensible por la explicacin histrica pg.

IV La investigadora inglesa Claudia Koonz en su reciente li- bro La Conciencia Nazi , ha llamado la atencin sobre los fenmenos sociolgicos que se produjeron en Alemania a raz de la llegada de los nazis al poder. Esto nos da la entrada para hacer unas precisiones claves sobre lo que podramos denominar como la razn de ser de ese fenmeno sociolgico en Alemania y sus causas que, teniendo un valor fundamental se hallan lejos de ser aprovechadas, porque no siendo colecti- vas, es al especialista de la mente humana a quien corresponde la tarea de dilucidarlas.

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