HENRI MICHAUX UN BARBARE EN ASIE PDF

Lo recuerdo como un hombre sereno y sonriente, muy lcido, de buena y no efusiva conversacin y fcilmente irnico. No profesaba ninguna de las supersticiones de aquella fecha. Descrea de Pars, de los conventculos literarios, del culto, entonces de rigor, de Pablo Picasso. Con pareja imparcialidad, descrea de la sabidura oriental. Todo esto se confirma en su libro Un barbare en Asie, que yo traduje al castellano no como un deber sino como un juego.

Author:Mikarn Kajir
Country:Botswana
Language:English (Spanish)
Genre:Software
Published (Last):27 June 2014
Pages:53
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Lo recuerdo como un hombre sereno y sonriente, muy lcido, de buena y no efusiva conversacin y fcilmente irnico. No profesaba ninguna de las supersticiones de aquella fecha. Descrea de Pars, de los conventculos literarios, del culto, entonces de rigor, de Pablo Picasso. Con pareja imparcialidad, descrea de la sabidura oriental.

Todo esto se confirma en su libro Un barbare en Asie, que yo traduje al castellano no como un deber sino como un juego. Sola asombrarnos con noticias tristsimas de Bolivia, donde haba residido un tiempo.

Por aquellos aos no sospechaba lo que el Oriente le dara o, de manera misteriosa, ya le haba dado. Admiraba la obra de Paul Klee y la obra de Giorgio de Chirico. A lo largo de su larga vida ejerci dos artes: la pintura y las letras. En sus ltimos libros las combin. La nocin china y japonesa de que los ideogramas de un poema se componen no slo para el odo sino tambin para la vista, le sugiri curiosos experimentos.

Como Aldous Huxley explor los alucingenos y penetr en regiones de pesadilla que inspiraran su pincel y su pluma. Hacia me visit en Pars. Cambiamos algunas triviales palabras; estaba muy cansado. Present que aquel dilogo sera el ltimo. Las fechas de su nacimiento y de su muerte son y JLB Gobernad el imperio como si frierais un pajarito Lao-Tse Prlogo a la primera edicin francesa de Doce aos me separan de este viaje.

Ah est. Aqu estoy yo. Poca cosa podemos ambos prestarnos. No era un estudio, ni lo puede ser, ni ser yo quien lo haga ms hondo. Tampoco voy a corregirlo. Vivi su vida. Me he limitado a cambiar algunas palabras, y donde se hizo necesario, fueron lneas las que cambi. Henri Michaux Prlogo a la edicin francesa revisada y corregida de En la actualidad, el foso existente se ha hecho an mayor, un foso de treinta y cinco aos.

Y Asia contina su movimiento, sordo y secreto en m, vasto y violento entre los pueblos del mundo. Muda, ha mudado, y tal mudanza nadie la hubiese credo, y menos yo la sospech.

Este libro tiene fecha determinada. Data de la poca entontecida y tensa a la vez de este continente; sta y no otra es la fecha. Data tambin de mi ignorancia, de mi ilusin desmitificadora. Eran los aos de aquel Japn excitado, sobreexcitado, que slo hablaba de guerra, que slo cantaba la guerra, que slo prometa lucha, entre desfiles, aullidos, voces broncas, amenazas, y que hostigaba y se reservaba bombardeos, desembarcos, destrucciones, invasiones, asaltos, terror.

Eran los aos de aquella China acorralada, mermada, amenazada de desmembracin, que no llegaba a rehacerse, y que se mostraba desconfiada y cerrada, no acertando con una civilizacin desorganizada a hacer frente eficazmente al cataclismo, ni por medio de la astucia, ni por medio del nmero, ni por medio de nada de lo experimentado hasta aquellos das.

Eran los aos de aquella India que, con medios inesperados, que tenan todas las trazas de la debilidad, trataba angustiosamente de librarse del slido pueblo dominador que la tena bajo su yugo.

Desembarcado all, en el 31, apenas informado, con la memoria saturada de relaciones de pedantes, descubro el hombre de la calle. Me impresiona, me interesa profundamente, no veo sino a l.

Me cautiva, lo sigo, lo acompao, convencido de que con l, con l ante todo, con l y el flautista y el actor, y el bailarn y l mismo, tengo cuanto es necesario para comprenderlo todo Contando con l, partiendo de l, reflexionando, esforzndome por rehacer la historia. Pasaron no obstante algunos aos, y he aqu que el hombre de la calle ya no es el mismo.

Ha cambiado; en tal pas, a medias, en un segundo, mucho, en un tercero, realmente mucho, en un cuarto, infinitamente, hasta lo increble, hasta el punto de que no lo creen los que antes all estuvieron, e incluso los que all vivieron. As, en China, la revolucin, al barrer costumbres, maneras de ser, de obrar y de sentir establecidas por los siglos, ha hecho intiles muchas observaciones, y ha dado al traste con no pocas de las mas.

Mea culpa. No tanto por haber pecado de corto de vista, sino ms bien por no haber presentido lo que all se gestaba y que iba a dislocar lo que pareca permanente. No haba visto nada, de verdad? Por qu? Ignorancia tal vez? Ceguera de quien se beneficia de las ventajas de una nacin y de una situacin momentneamente privilegiada?

Me parece tambin que en mi fuero interior deba oponer una resistencia a la idea de la completa transformacin de estos pases, que se me antojaban necesariamente forzados, para llegar al cambio, a pasar por el Occidente, por sus ciencias, sus mtodos, sus ideologas, sus organizaciones sociales sistemticas. Yo hubiese deseado que la India por lo menos y la China hallasen el medio de encontrarse a s mismas nuevamente, de llegar a ser de nuevo grandes pueblos, sociedades armoniosas y civilizaciones regeneradas, sin tener que pasar por la occidentalizacin.

Era esto verdaderamente un imposible? Mis ilusiones eran otras. Hasta entonces los pueblos, y hasta dira que las gentes, no me haban parecido muy reales, ni muy interesantes. Animado, ahond en esta realidad, convencido de que iba a ser una mina. Crea en ello plenamente? Viaje real entre dos quimricos. Tal vez, en mis adentros, los observaba como viajes imaginarios realizados sin mi concurso, obra de otros. Pases de invencin ajena. Mas eran la sorpresa, la emocin, la excitacin.

Esto lo supe ms tarde. Dejaba adrede de lado lo que precisamente iba a constituir en estos pases una realidad nueva: la poltica? Como se ve a la legua, este viaje lo comenc con malas alforjas y peores pasos.

No ser yo quien retroceda. Por ms que quisiera, no podra. A menudo lo pretendo, pero me es imposible dejarlo como nuevo. Lo ms que puedo es apartar, sacar, cortar, hacer algunas sisas, echar algo en un vaco de repente molesto, pero me est vedado cambiarlo o darle un nuevo viraje.

Este libro, que me tiene insatisfecho, que me saca de quicio y me choca, no me permite otra cosa que corregir cuatro nonadas.

Se me resiste. Como si se tratara de un personaje. Tiene un tono. A causa de este tono, todo lo que con carcter ms grave, ms reflexivo, ms hondo, ms sagaz, ms avisado, quisiera incorporar, a modo de contrapeso, lo rechaza, lo vomita Aqu, si brbaro se ha dicho, en brbaro hay que quedar. Para evitar repulsas, las escasas notas nuevas, que se agregan al pie de la pgina, van precedidas de las letras n.

Kabir tena aos y estaba por morirse cuando cant: Estoy borracho de alegra, de la alegra de la juventud.

Ah estn los treinta millones de dioses. Ya voy. Alegra, Alegra! Franqueo el crculo sagrado Conozco una veintena de capitales. Pero ah est Calcuta! Calcuta, la ciudad ms repleta del Universo! Figuraos una ciudad compuesta exclusivamente de cannigos. Setecientos mil cannigos ms setecientos mil habitantes en las casas: las mujeres. Tienen una cabeza menos que los hombres, no salen a la calle. Se est entre hombres, impresin extraordinaria. Una ciudad compuesta exclusivamente de cannigos.

El bengal nace cannigo, y los cannigos, salvo los muy chiquitos que van en brazos, van siempre a pie. Todos peatones, por las aceras y por la calle, altos y flacos, sin caderas, sin hombros, sin ademanes, sin risas, eclesisticos, peripatticos. Diversidad de trajes. Algunos casi desnudos; pero el verdadero cannigo es siempre cannigo. Los que estn desnudos son quiz los ms dignos.

Unos de togas con faldones echados hacia atrs, o con un faldn echado hacia atrs, de toga malva, rosa, verde, borra de vino, o de traje blanco; demasiado numerosos para la calle, para la ciudad; todos, seguros de s mismos, con una mirada de espejo, una sinceridad insidiosa y ese descaro especial que produce la meditacin, con las piernas cruzadas.

Miradas perfectas sin altos ni bajos, sin defecto, sin xito, sin percepcin. De pie, los ojos parecen de hombres acostados. Acostados, de hombres de pie. Sin flexin, sin blandura, prendidos en una red cul? Muchedumbre abierta, franca, que se baa en s misma, o ms bien, cada uno en s mismo, insolente, y cobarde si la atacan, desprevenida entonces y estpida. Cada ser cobijado por sus siete centros, por los lotos, los cielos, por las oraciones de la maana y de la tarde a Kali, con meditacin y sacrificio.

Atentos a evitar las contaminaciones de toda clase, los planchadores, los curtidores, los carniceros mahometanos, los pescadores, los remendones, los pauelos que guardan lo que debe volver a la tierra, el asqueroso aliento de los europeos que todava guarda el olor de la matanza de la vctima , y en general las causas innumerables que sumergen y vuelven a sumergir al hombre en el fango, si se descuida. Atentos y brutos el que ha nacido idiota, se hace dos veces ms idiota, y quin ms idiota que el hind idiota?

En las piezas y films hindes, los traidores que se revelan, el oficial del rajah que desenvaina furioso

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Un barbare en Asie (L'Imaginaire)

Or just fancy Lewis Carroll -- with whom Henri Michaux also has something in common -- reporting a trip to Africa. In either case the result would be somewhat like this original and stimulating refraction of the Orient through a very special personality. Similarly the illustrative quotes chosen here are merely those the complete review subjectively believes represent the tenor and judgment of the review as a whole. We acknowledge and remind and warn you that they may, in fact, be entirely unrepresentative of the actual reviews by any other measure. Still, he was no wild-eyed tourist, and though he designates himself a barbarian in Asia he felt no qualms in airing his opinions. French Indo-China is notably and curiously avoided. In staccato style Michaux notes his impressions: there are long sections of paragraphs, each only a line in length.

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