LOS CAMINANTES CARLOS SISI PDF

La novela narra con un lenguaje visual y directo como los destinos de estos supervivientes se entretejen en torno a un misterioso personaje: El Padre Isidro. Carlos Sisi. A mi familia. A todos.

Author:Kazralrajas Douran
Country:Ukraine
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):25 February 2017
Pages:469
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ISBN:562-6-62532-919-1
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Los caminantes Hades Nebula 1. Se alejaban porque llevaba demasiado tiempo debajo del agua. Demasiado tiempo, y demasiado lejos.

Sin duda le daban por muerto. Se iban. El objetivo no era recorrer cuatrocientos metros, sino desplazar el brazo con la fuerza suficiente para propiciar el avance.

La ropa mojada por el agua era lo peor. Y mientras, alrededor, los muertos aullaban. Era el dolor lo que la estaba consumiendo. Perdido, como su amigo. Isabel vio caer la mochila. No lo consiguieron. Lo hemos conseguido. Pero Isabel no estaba tan segura de que hubieran conseguido gran cosa. Abajo, la ciudad denunciaba su fracaso con sus calles infectadas de muertos andantes.

Ya no hacemos muchas incursiones de este tipo Me hace sentir raro. Traten de entenderlo. Los soldados no le gustaban. No le gustaban sus armas ni sus rasgos duros, ni sus expresiones fatigadas y un tanto reservadas. La misma textura, en la boca, se le antojaba igual a lamer un lodazal arenoso. Llevaba cinco minutos oliendo a tarta de coco. Sin embargo, tampoco ahora iba a aventurarse por sus bodegas interiores. No solo, y no desarmado. Las figuras errantes y taciturnas de los caminantes llenaban la calle; vagaban, con ese aire ausente y ensimismado, hacia un lado y hacia otro.

En primer lugar, desechad las tapas cuadradas. Las practicables son las redondas. Al ser circulares, es imposible que la tapa se caiga por el agujero. Por eso, las que son practicables, son siempre redondas. La rapidez era la clave. Y uno no se escapa de los zombis cuando te agarran.

Retirar la tapa de alcantarilla era otra cosa. El golpe fue contundente. No quiso darse tiempo para examinar el entorno. La tapa, por el amor de Dios, la tapa Intentaba no escuchar, no sentir temor, y las yemas de sus dedos, hundidos en las aberturas de la tapa, se volvieron blancas. A todo el mundo. Los ojos blancos de todos ellos le buscaban. Cayeron a plomo, recorriendo los tres metros que les separaban del fondo.

Gluc, gluuuc. Extrajo un vetusto encendedor del bolsillo y se puso un cigarro en el labio inferior. Un sonido a su espalda le hizo congelarse en el sitio. Las gotas resbalaban por sus brazos extendidos hacia el suelo. No puedes. No debes. Arriba, en la base. Pero hay circunstancias especiales. Puede andar entre esas cosas sin que le vean. Tiene algo en su sangre Los zombis no le ven Ansiaba tanto sus poderes Superman era tan tonto Cuando los muertos te ignoran, puedes pasearte por todas partes, acceder a todos los lugares No necesitaban comer, ni dormir, ni permisos.

Enviaba mensajeros, observaba las cosas desde su atalaya y tomaba decisiones desde su despacho. Era algo que Aranda apreciaba. Estaba lleno hasta los topes, porque nadie usaba ya su agua para el consumo. Un nuevo resurgir, con grandes oportunidades para todos. Trabajo para todos.

Conozco bien lo que dice. Ya sabe. Cuando ves a toda esa gente caminar por todas partes con los ojos ausentes De vez en cuando se aletargan en alguna esquina oscura, y caen en una especie de sopor indefinido. Ha sido un azote terrible. Eso es lo que hicimos. Descendieron, sacudidos por el aire que desalojaban las aspas, y avanzaron casi a la carrera hasta que se hubieron alejado un poco.

Pese a todo, no era mal sitio para resistir, y desde su asiento, Moses llegaba a las mismas conclusiones. Eran aquellas personas. No se permiten armas en la zona civil. Es por su seguridad. Uno por uno, todos los adultos negaron con la cabeza. Tienen que entender la Y sospecho que no la tienen, pensaba Susana. Hay algunas cosas que deben ver, y otras que deben saber. El edificio principal de la Ciudad Deportiva de Carranque estaba desparramado por el suelo, como si hubiera cedido por un terremoto.

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Entrevista a Carlos Sisí, autor de Los Caminantes

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Los caminantes – Carlos Sisí

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